Broches de cinturón |
|
EL ASEDIO FRANCO A ZARAGOZA EN 541 d.n.e.
La derrota del ejército visigodo ante los francos en la
batalla de Vouillé (507), supuso la ruina del reino visigodo de Tolosa y la
pérdida de todos los territorios ocupados por éste al norte de los Pirineos,
salvo una pequeña franja de terreno en torno a Narbona. En el nuevo sistema
defensivo del Estado visigodo, Caesaraugusta se constituye, por su situación
estratégica a la vez que por sus murallas, en la principal plaza fuerte en el
norte de la Península, sirviendo como baluarte frente a una posible invasión
procedente de la Galia y como base de partida para las operaciones militares
contra los vascones.
La amenaza de los francos se concreta en verano del año 541, cuando un potente
ejército encabezado por los reyes Childeberto y Clotario I (o Clotachario) y
los tres hijos mayores de éste, partió de la ciudad de Dax y atravesó el
Pirineo con la intención de conquistar el valle del Ebro. La finalidad última
de esta campaña era crear una zona de seguridad que protegiese los territorios
recién conquistados del sur de la Galia ante una posible ofensiva visigoda,
contando para ello con el apoyo de los habitantes católicos de la región. El
paso de los Pirineos se realizó por Roncesvalles, y tras llegar a Pamplona, el
ejército franco se dedicó a saquear la provincia Tarraconense logrando un
cuantioso botín y provocando en ella una gran devastación a cuyos efectos se
añadiría el año siguiente (542) una epidemia de peste inguinal extendida por
toda la Península.
El asedio de Caesaraugusta, protegida por la potente muralla tardorromana y
reforzada posiblemente por una guarnición visigoda, se prolongó durante 49
días, sin que las tropas sitiadoras pudieran superar las defensas de la ciudad.
Hay dos versiones sobre el fin del asedio. El obispo Gregorio de Tours, en un
claro intento de enmascarar el desastre de la expedición, señala que el
fracaso franco se debió a la intervención milagrosa de San Vicente en ayuda de
los sitiados. Según este autor, cuando la situación de la ciudad ya era
desesperada, sus habitantes, imitando a los de Nínive, se sometieron a un ayuno
riguroso y comenzaron a desfilar en procesión sobre las murallas, los hombres
cubiertos de cilicios, entonando cánticos y llevando consigo la túnica de San
Vicente, y las mujeres con mantos negros, con los cabellos sueltos y cubiertos
de ceniza, e implorando la ayuda divina. Los supersticiosos francos creyeron que
se trataba de un maleficio contra ellos, pero informados por un campesino
prisionero sobre la verdad de los hechos y de que los habitantes de la ciudad no
eran arrianos sino católicos, ofrecieron al obispo de la misma (Juan) levantar
el asedio a cambio de una reliquia de San Vicente como prenda de paz. El obispo
les entregó la estola del mártir, que Childeberto llevó a París, donde hizo
construir una basílica para su culto (la actual Saint Germain des Prés) y en
la que fue enterrado tras su muerte en el año 558.
Isidoro de Sevilla, por otra parte, comenta que los francos se vieron obligados
a levantar el cerco de la ciudad ante la proximidad de un ejército visigodo,
enviado por el rey Teudis al mando del conde Teudisclo (o Teudiselo), que tras
ocupar los pasos pirenaicos amenazaba con cortar su retirada. En otro pasaje,
este autor señala que los visigodos lograron cortar la retirada al ejército
franco y que éstos hubieron de comprar a muy alto precio un breve periodo de
tregua (un día y una noche) para atravesar los puertos pirenaicos; transcurrido
este periodo, en el que sólo se pudieron poner a salvo algunos contingentes, el
resto del ejército franco fue aniquilado.
(Fuente: Centro de Historia de Zaragoza)