Broches de cinturón


Reino visigodo

Reino Visigodo de Toledo
Por diversas causas el establecimiento en la Península del reino visigodo tuvo lugar entre los años 507 y 586, situándose la capital en Toledo por su estratégica localización central.

Atanagildo fue el primer monarca, si bien sería Leovigildo, entre los años 569 y 586, el auténtico artífice de la unidad política de los visigodos, bajo cuyo gobierno se inició la integración en el reino de elementos godos e hispanorromanos.

Para lograr el reconocimiento de su soberanía, combatió a los vascones y anexionó a los suevos, al tiempo que frenó a la nobleza del sur, partidaria en principio de la sublevación de su hijo Hermenegildo, quien se había convertido al cristianismo frente al arrianismo oficial.

La evolución del reino entre 586 y 681 depararía no obstante un fortalecimiento de la aristocracia y su consiguiente feudalización, particularmente entre los años 681 y 711.

Sin embargo, el enfrentamiento entre los miembros de la aristocracia provocaría una situación de inestabilidad tal que en este contexto de fragilidad la entrada de los musulmanes en la Península apenas encontró una resistencia organizada.


EL ASEDIO FRANCO A ZARAGOZA EN 541 d.n.e.

La derrota del ejército visigodo ante los francos en la batalla de Vouillé (507), supuso la ruina del reino visigodo de Tolosa y la pérdida de todos los territorios ocupados por éste al norte de los Pirineos, salvo una pequeña franja de terreno en torno a Narbona. En el nuevo sistema defensivo del Estado visigodo, Caesaraugusta se constituye, por su situación estratégica a la vez que por sus murallas, en la principal plaza fuerte en el norte de la Península, sirviendo como baluarte frente a una posible invasión procedente de la Galia y como base de partida para las operaciones militares contra los vascones.

La amenaza de los francos se concreta en verano del año 541, cuando un potente ejército encabezado por los reyes Childeberto y Clotario I (o Clotachario) y los tres hijos mayores de éste, partió de la ciudad de Dax y atravesó el Pirineo con la intención de conquistar el valle del Ebro. La finalidad última de esta campaña era crear una zona de seguridad que protegiese los territorios recién conquistados del sur de la Galia ante una posible ofensiva visigoda, contando para ello con el apoyo de los habitantes católicos de la región. El paso de los Pirineos se realizó por Roncesvalles, y tras llegar a Pamplona, el ejército franco se dedicó a saquear la provincia Tarraconense logrando un cuantioso botín y provocando en ella una gran devastación a cuyos efectos se añadiría el año siguiente (542) una epidemia de peste inguinal extendida por toda la Península.

El asedio de Caesaraugusta, protegida por la potente muralla tardorromana y reforzada posiblemente por una guarnición visigoda, se prolongó durante 49 días, sin que las tropas sitiadoras pudieran superar las defensas de la ciudad.

Hay dos versiones sobre el fin del asedio. El obispo Gregorio de Tours, en un claro intento de enmascarar el desastre de la expedición, señala que el fracaso franco se debió a la intervención milagrosa de San Vicente en ayuda de los sitiados. Según este autor, cuando la situación de la ciudad ya era desesperada, sus habitantes, imitando a los de Nínive, se sometieron a un ayuno riguroso y comenzaron a desfilar en procesión sobre las murallas, los hombres cubiertos de cilicios, entonando cánticos y llevando consigo la túnica de San Vicente, y las mujeres con mantos negros, con los cabellos sueltos y cubiertos de ceniza, e implorando la ayuda divina. Los supersticiosos francos creyeron que se trataba de un maleficio contra ellos, pero informados por un campesino prisionero sobre la verdad de los hechos y de que los habitantes de la ciudad no eran arrianos sino católicos, ofrecieron al obispo de la misma (Juan) levantar el asedio a cambio de una reliquia de San Vicente como prenda de paz. El obispo les entregó la estola del mártir, que Childeberto llevó a París, donde hizo construir una basílica para su culto (la actual Saint Germain des Prés) y en la que fue enterrado tras su muerte en el año 558.

Isidoro de Sevilla, por otra parte, comenta que los francos se vieron obligados a levantar el cerco de la ciudad ante la proximidad de un ejército visigodo, enviado por el rey Teudis al mando del conde Teudisclo (o Teudiselo), que tras ocupar los pasos pirenaicos amenazaba con cortar su retirada. En otro pasaje, este autor señala que los visigodos lograron cortar la retirada al ejército franco y que éstos hubieron de comprar a muy alto precio un breve periodo de tregua (un día y una noche) para atravesar los puertos pirenaicos; transcurrido este periodo, en el que sólo se pudieron poner a salvo algunos contingentes, el resto del ejército franco fue aniquilado.

(Fuente: Centro de Historia de Zaragoza)